martes, 9 de octubre de 2018

Complicaciones de la diabetes mellitus

Las personas con diabetes mellitus presentan numerosas complicaciones graves que afectan a muchas áreas órganicas y se prolongan en el tiempo.
Existen dos tipos de diabetes mellitus: tipo 1 y tipo 2. En ambos tipos la cantidad de azúcar (glucosa) en la sangre está elevada. Las personas con diabetes, ya sea de tipo 1 o tipo 2, son propensos a tener complicaciones como resultado del nivel de glucosa elevado. Sin embargo, dado que la diabetes tipo 2 puede estar presente durante algún tiempo antes de que pueda diagnosticarse, las complicaciones de la diabetes tipo 2 pueden ser más graves o estar más avanzadas cuando se diagnostica la enfermedad.
Las personas con diabetes mellitus pueden presentar numerosas complicaciones graves que se prolongan en el tiempo. Algunas comienzan a los pocos meses de iniciarse la diabetes, aunque la mayoría suelen aparecer al cabo de algunos años. Suelen empeorar de forma gradual. Si se padece diabetes, es necesario controlar de forma estricta la glucemia para que la probabilidad de que aparezcan complicaciones o de que empeoren las ya existentes sea menor.


Causas


La mayoría de las complicaciones de la diabetes son el resultado de alteraciones en los vasos sanguíneos. Cuando las concentraciones de glucosa se mantienen altas durante mucho tiempo, los vasos sanguíneos, tanto de pequeño calibre como de gran calibre, se estrechan. Como consecuencia, disminuye el aporte sanguíneo a muchas zonas del organismo, lo que da lugar a complicaciones diversas. Existen varias causas de estrechamiento vascular. En las paredes de los vasos sanguíneos de pequeño calibre se acumulan sustancias compuestas por azúcares complejos que provocan su engrosamiento y la aparición de fugas. Además, el control inadecuado de la glucemia tiende a aumentar la concentración de sustancias grasas en la sangre, lo que resulta en ateroesclerosis y en un menor riego sanguíneo en los vasos de gran calibre.

Tipos de complicaciones de la diabetes


Complicaciones vasculares de la diabetes


La ateroesclerosis provoca infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares (ictus, infarto cerebral, derrame cerebral); asimismo, ocurre entre 2 y 6 veces más a menudo en personas jóvenes con diabetes que en ausencia de diabetes.

Con el paso del tiempo, el estrechamiento de los vasos sanguíneos puede dañar el corazón, el cerebro, las piernas, los ojos, los riñones, los nervios y la piel, lo que da lugar a angina de pecho, insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares, calambres en las piernas al caminar (claudicación), visión deficiente, insuficiencia renal, daños neurológicos (neuropatía) y erosiones cutáneas.

Problemas cutáneos en la diabetes


La mala circulación en la piel provoca úlceras e infecciones y una cicatrización más lenta de las heridas. Cuando se padece diabetes, existe una tendencia especial a desarrollar úlceras e infecciones en los pies y en las piernas. Con mucha frecuencia, estas heridas cicatrizan muy despacio o de modo incompleto, y puede ser necesario amputar el pie o parte de la pierna.

Es frecuente contraer infecciones bacterianas y fúngicas, sobre todo, en la piel. Si existe hiperglucemia, los glóbulos blancos (leucocitos) no pueden combatir las infecciones con eficacia, por lo que existe una tendencia a que las infecciones sean más graves y tarden más en resolverse.

Problemas oculares en la diabetes


Las lesiones en los vasos sanguíneos de los ojos pueden provocar pérdida de la visión (retinopatía diabética). La cirugía con láser sella herméticamente los vasos sanguíneos hemorrágicos de los ojos y evita una lesión permanente en la retina. Por lo tanto, cuando se padece diabetes, es necesario someterse a exploraciones oftalmológicas anuales para detectar de forma precoz la aparición de estas lesiones.
Retinopatía diabética

Daño renal en la diabetes


El funcionamiento de los riñones se ve alterado, lo que resulta en insuficiencia renal, que puede requerir diálisis o trasplante. Se analiza la orina para detectar una posible concentración excesivamente alta de proteínas (albúmina), que es un signo precoz de lesión renal. Cuando se observan los primeros indicios de complicaciones renales, se suelen recetar inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA), unos fármacos que retrasan el avance de la nefropatía.
Lesiones nerviosas en la diabetes

Los daños neurológicos se manifiestan de varias formas. Si un solo nervio funciona de forma inadecuada, aparece una debilidad repentina en un brazo o en una pierna. Si se dañan los nervios de las manos, de las piernas y de los pies (polineuropatía diabética), la sensibilidad se altera y aparece hormigueo o dolor urente y debilidad en los brazos y en las piernas. Los daños en los nervios de la piel predisponen a sufrir más heridas porque se pierde la sensibilidad para percibir los cambios de presión o de temperatura.


Complicaciones de la diabetes

Tejido u órgano afectado
Efectos
Complicaciones

Vasos sanguíneos

Los depósitos grasos (placa ateroesclerótica) se acumulan y obstruyen las arterias de mediano o de gran calibre situadas en el corazón, en el cerebro, en las piernas y en el pene.

Las paredes de los vasos sanguíneos de pequeño calibre se lesionan de tal forma que no transfieren el oxígeno a los tejidos con normalidad, y los vasos pueden tener escapes.

La circulación deficiente produce una cicatrización inadecuada de las heridas, que puede dar lugar a infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares, gangrena en los pies y en las manos, disfunción eréctil (impotencia) e infecciones.

Ojos

Los pequeños vasos sanguíneos de la retina se dañan, lo que da lugar a la formación de nuevos vasos sanguíneos frágiles que tienden a sangrar.

Disminución de la visión y, finalmente, ceguera.

Riñón

Los vasos sanguíneos del riñón se vuelven más gruesos.

La proteína se vierte en la orina.

La sangre no se filtra con normalidad.

Funcionalidad renal deficiente y, finalmente, insuficiencia renal.

Nervios

Los nervios también se lesionan porque la glucosa no se metaboliza con normalidad y porque el aporte de sangre es inadecuado.

Las piernas se debilitan de forma súbita o gradual.

Pérdida de sensibilidad, hormigueo y dolor en las manos y en los pies.


Los nervios que controlan los procesos internos del organismo, como la presión arterial y la digestión, se dañan.

Oscilaciones de la presión arterial.

Dificultades para tragar (deglutir).

Alteración de la funcionalidad digestiva y, a veces, náuseas o episodios de diarrea.

Disfunción eréctil.

Piel

Reducción del aporte de sangre a la piel y pérdida de sensibilidad, que dan lugar a traumatismos frecuentes.

Formación de úlceras e infecciones profundas (úlceras diabéticas).

Cicatrización deficiente.

Sangre

Actividad alterada de los glóbulos blancos (leucocitos) en la sangre.

Aumento de la predisposición a contraer infecciones, sobre todo, en las vías urinarias y en la piel.

Tejido conjuntivo

La glucosa no se metaboliza con normalidad, por lo que los tejidos se engrosan o se contraen.

Síndrome del túnel carpiano y contractura de Dupuytren.


Cuidado de los pies en personas diabéticas
Cuidado de los pies en personas diabéticas
 
Cuidado de los pies en personas diabéticas

Supervisión y prevención de las complicaciones de la diabetes


En el momento del diagnóstico y por lo menos una vez al año, se realiza una revisión para detectar la presencia de posibles complicaciones de la diabetes de tipo 2, como daño renal, ocular y neurológico. Los médicos comienzan a realizar pruebas de detección en personas con diabetes tipo 1 a los 5 años después del diagnóstico. Las pruebas de cribado habituales incluyen lo siguiente:
  • Examen de los pies para comprobar la sensibilidad y buscar signos de mala circulación (úlceras, pérdida de cabello)
  • Exploración ocular (realizado por un especialista de los ojos, un oftalmólogo)
  • Determinación de la función renal mediante análisis de sangre y de orina
  • Análisis de sangre para determinar los niveles de colesterol
  • En ocasiones, un electrocardiograma

Se puede evitar o retrasar que las complicaciones empeoren mediante un control estricto de la glucemia o mediante un tratamiento farmacológico temprano. En cada consulta médica, se evalúan los factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial y los niveles elevados de colesterol, y se tratan con fármacos, si fuera necesario. Otra complicación frecuente es la enfermedad de las encías (gingivitis), por lo que es importante acudir periódicamente al dentista para la limpieza bucal y otros cuidados preventivos.


¿Sabías que...?

  • Cuando se controla rigurosamente la glucemia (concentración de glucosa en sangre), disminuyen de forma considerable las complicaciones de la diabetes o se retrasan.

Prevención de la hipoglucemia


Cuando se padece diabetes, resulta difícil mantener una glucemia normal inyectando insulina o tomando otros medicamentos. La principal dificultad en el control estricto de la glucemia es la aparición de hipoglucemia (concentración baja de glucosa en sangre). Detectar la presencia de hipoglucemia es importante porque su tratamiento es una urgencia. Los síntomas pueden incluir hambre dolorosa, taquicardia, temblores, sudoración e incapacidad para pensar con claridad.

El azúcar debe entrar en el organismo en cuestión de minutos para evitar un daño permanente y aliviar los síntomas. La mayoría de las veces basta con ingerir azúcar. Casi cualquier forma de azúcar es válida, aunque la glucosa actúa con mayor rapidez que el azúcar de mesa (el azúcar de mesa común es sacarosa). Se suelen llevar comprimidos de glucosa o envases con gel de glucosa. Otras opciones consisten en beber un vaso de leche (que contiene lactosa, un tipo de azúcar), agua azucarada o zumo de frutas o comer un pedazo de pastel, algo de fruta u otro alimento dulce. En situaciones más graves, puede ser necesario que los médicos de urgencias inyecten glucosa en una vena.

Otro tratamiento para la hipoglucemia consiste en administrar glucagón. El glucagón se puede inyectar por vía intramuscular y provoca que el hígado libere grandes cantidades de glucosa en cuestión de minutos. Existen pequeños estuches portátiles que contienen una jeringa precargada con glucagón para su uso en situaciones de urgencia, especialmente útil si se padecen crisis frecuentes de hipoglucemia.

Candidiasis (infección por levaduras)

La candidiasis es una infección producida por la levadura Candida.
  • La candidiasis suele aparecer en las zonas húmedas de la piel.
  • Puede causar erupciones, descamación, prurito e hinchazón.
  • Se exploran las zonas afectadas y se observan muestras de piel en el microscopio o mediante cultivo.
  • Por lo general, las cremas antifúngicas (antimicóticas) y los medicamentos antifúngicos (antimicóticos) por vía oral curan la candidiasis.
La levadura Candida reside normalmente en la boca, en el tracto digestivo y en la vagina, y no suele causar ninguna lesión. Bajo ciertas condiciones, sin embargo, Candida infecta las membranas mucosas y las zonas húmedas de la piel. Las zonas características de infección son el revestimiento de la boca, las ingles, las axilas, los espacios entre los dedos de las manos y de los pies, el pene sin circuncidar, la piel de debajo de las mamas, las uñas y los pliegues de la piel del estómago. Las condiciones que favorecen el desarrollo de una infección por Candida son:
  • Clima cálido y húmedo
  • Ropa interior sintética y ajustada
  • Mala higiene
  • Cambio de pañal o de ropa interior poco frecuente, sobre todo en niños y ancianos
  • Sistema inmunitario debilitado como consecuencia de una diabetes, algunos trastornos o uso de corticoesteroides y otros fármacos que inhiben el sistema inmunitario
  • Embarazo, obesidad o uso de antibióticos
Las personas que reciben antibióticos pueden desarrollar candidiasis porque se eliminan las bacterias que residen normalmente en el cuerpo, lo cual permite la proliferación descontrolada de la Candida. Los corticoesteroides o el tratamiento inmunosupresor después del trasplante de un órgano también reducen las defensas del organismo contra la candidiasis. Los corticoesteroides inhalados, que suelen utilizar los asmáticos, en ocasiones causan candidiasis de la boca. Las embarazadas, las personas que reciben quimioterapia contra el cáncer, los obesos y los que padecen diabetes son más propensos a la infección por Candida.
En algunas personas (por lo general las que tienen un sistema inmunitario debilitado), Candida invade los tejidos más profundos, así como la sangre, y produce una candidiasis sistémica que puede ser mortal.



Síntomas de la candidiasis


Los síntomas de la candidiasis varían según la localización de la infección.

Las infecciones en los pliegues cutáneos (infecciones intertriginosas) o en el ombligo suelen causar una erupción en la piel de color rojo intenso, en ocasiones con estrías. Pueden aparecer pequeñas pústulas, especialmente en los bordes de la erupción, y esta puede ir acompañada de prurito intenso o quemazón. La erupción producida por la candidiasis alrededor del ano puede ser pruriginosa, dejar la zona en carne viva y presentar un aspecto blanquecino o rojizo. Los lactantes pueden desarrollar una erupción por cándida en la zona del pañal (dermatitis del pañal).


Dermatitis del pañal (candidiasis)
 
Dermatitis del pañal (candidiasis)
I

La candidiasis vaginal (vulvovaginitis, infección por levaduras, ver Introducción a las infecciones vaginales) es frecuente, en especial en las mujeres embarazadas, las diabéticas y las que toman antibióticos. Los síntomas de estas infecciones incluyen un flujo vaginal blanco o amarillento y espeso (como requesón), sensación de quemazón, prurito y enrojecimiento de las paredes y del área externa de la vagina.


Candidiasis vaginal
 
Candidiasis vaginal
I

La candidiasis del pene afecta con mayor frecuencia a los hombres que padecen diabetes, a los no circuncidados y a aquellos cuya pareja sexual femenina tiene candidiasis vaginal. A veces la infección no causa síntomas, pero habitualmente produce una erupción rojiza, en carne viva, prurito, quemazón o incluso una erupción dolorosa en la cabeza del pene.

El muguet es una candidiasis que se produce dentro de la boca (candidiasis oral). Las placas color crema típicas del muguet se adhieren a la lengua y a ambos lados de la boca, y suelen ser dolorosas. Estas placas pueden rasparse con un dedo o con un objeto romo, y es posible que sangren tras el raspado. El muguet no es infrecuente en los niños por lo demás sanos, pero en los adultos puede ser una señal de un sistema inmunitario debilitado, posiblemente debido a un cáncer, diabetes o infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El uso de antibióticos que eliminan las bacterias antagonistas aumenta el riesgo de contraer muguet.


Candidiasis oral
 
Candidiasis oral
I

La queilitis angular (boquera, perleche) es una candidiasis en las comisuras de la boca, que causa fisuras y pequeños cortes. Puede aparecer por un lamido constante de los labios, succión de los dedos, dentaduras mal ajustadas o cualquier otra situación que haga que las comisuras de la boca estén lo suficientemente húmedas como para que proliferen las levaduras.


Queilitis angular (boqueras)
 
Queilitis angular (boqueras)
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La paroniquia por cándida es la candidiasis de los pliegues o cutículas de las uñas, que produce un enrojecimiento doloroso e inflamación (ver Onicomicosis) alrededor de las uñas. En infecciones persistentes, el área debajo de la uña se vuelve blanca o amarilla, y la placa ungueal se separa del lecho de la uña (onicólisis). Este trastorno es común en las personas con diabetes o con un sistema inmunitario debilitado, y en aquellas cuyas manos están sometidas a una humedad constante o se lavan con frecuencia.


Infección de las uñas (Candidiasis)
Infección de las uñas (Candidiasis)
 
Infección de las uñas (Candidiasis).

La candidiasis mucocutánea crónica es un trastorno que aparece cuando el sistema inmunitario es menos capaz de reaccionar frente a Candida. Causa áreas rojas y llenas de pus, con costra y engrosadas que parecen psoriasis, especialmente en la nariz y la frente. Las personas que la padecen también son más propensas al muguet.

Diagnóstico de la candidiasis

  • Exploración médica de la piel
  • Análisis o cultivo de una muestra de raspado

Por lo general, la candidiasis se identifica al observar la erupción característica o el residuo espeso, blanco y pastoso que genera.

Para confirmar el diagnóstico de candidiasis, puede hacerse un raspado de la piel lesionada o del residuo con un escalpelo o un depresor de lengua. La muestra de raspado se examina posteriormente con el microscopio o se coloca en un medio de cultivo (una sustancia que permite el crecimiento de los microorganismos) para identificar el hongo específico.

Tratamiento de la candidiasis

  • Fármacos antifúngicos aplicados en la piel o tomados por vía oral
  • Medidas para mantener la zona seca

Normalmente, el tratamiento de la candidiasis depende de la ubicación de la infección.

Las infecciones de los pliegues cutáneos se tratan con cremas, polvos, soluciones u otros productos antimicóticos que se aplican directamente en la piel (tópicos). Algunos ejemplos son el miconazol, el clotrimazol, el oxiconazol, el ketoconazol, el econazol, el ciclopirox y la nistatina. En las personas sanas, por lo general las infecciones de los pliegues cutáneos se curan con facilidad. Mantener la piel seca contribuye a eliminar la infección y previene su reaparición. Las soluciones que secan la piel (como la solución de Burow) y los polvos de talco ayudan a mantener la zona seca, lo cual también evita las recurrencias. Pueden administrarse medicamentos por vía oral (como el fluconazol) en caso de que sean muchos los pliegues cutáneos infectados.

La candidiasis vaginal se trata con antimicóticos que se aplican en forma de crema sobre la zona afectada, dentro de la vagina en forma de supositorio, o por vía oral (como el fluconazol).

La dermatitis del pañal se trata con cambios más frecuentes de pañales, uso de pañales superabsorbentes o ultraabsorbentes, y la aplicación de una crema con un fármaco antimicótico (por ejemplo, butoconazol, clotrimazol, fluconazol, ketoconazol o miconazol).

La paroniquia candidiásica se trata evitando la humedad en la zona. Se administran fármacos antimicóticos por vía oral o por vía tópica. Estas infecciones son difíciles de tratar.

El muguet en los adultos se trata con fármacos directamente en la boca. Se administra un antimicótico (como clotrimazol) en forma de comprimidos o pastillas para disolver en la boca. También pueden hacerse gárgaras con nistatina líquida durante el mayor tiempo posible y luego escupirla o tragársela. También pueden administrarse medicamentos en forma de pastillas para tragar (como fluconazol).

El muguet en los lactantes se trata con nistatina líquida, que puede aplicarse con el dedo o con un algodón en la parte interna de las mejillas.

La candidiasis mucocutánea crónica se trata con fluconazol por vía oral. Este medicamento se administra durante un periodo de tiempo prolongado.

Introducción a las infecciones fúngicas de la piel

Los hongos suelen localizarse en las áreas húmedas del cuerpo donde dos superficies cutáneas entran en contacto: entre los dedos de los pies, en la zona genital y debajo de las mamas. Las infecciones fúngicas de la piel más habituales son causadas por levaduras (como Candida o Malassezia furfur), o dermatofitos, como Epidermophyton,Microsporum, y Trichophyton. Muchos de estos hongos viven solo dentro de la capa más externa de la piel (estrato córneo) y no penetran en zonas más profundas. Las personas obesas son más propensas a sufrir estas infecciones porque tienen un exceso de pliegues cutáneos; especialmente si la piel situada en el interior de un pliegue cutáneo se irrita y se desprende (intertrigo). Los diabéticos también suelen ser más propensos a los hongos.
Por extraño que parezca, las infecciones fúngicas en una parte del cuerpo pueden causar erupciones en partes no infectadas. Por ejemplo, una infección micótica en el pie puede causar una erupción abultada y pruriginosa en los dedos de la mano. Estas erupciones (dermatofítides, o eccemas secundarios diseminados) son reacciones alérgicas a los hongos. No se producen por tocar la zona infectada.




Diagnóstico

  • Raspados cutáneos o cultivos

Se supone que existe una infección micótica al visualizar una erupción rojiza, irritada o escamosa en una de las zonas donde la afectación es frecuente.

Por lo general, el diagnóstico de una infección micótica cutánea se confirma mediante el raspado de una pequeña porción de piel para examinarla con el microscopio o colocarla en un medio de cultivo donde los hongos en cuestión podrán crecer, de modo que sea posible identificarlos.

Tratamiento

  • Fármacos antifúngicos
  • Medidas para prevenir la humedad

Las infecciones fúngicas suelen tratarse con fármacos antimicóticos, que habitualmente se aplican directamente sobre la zona afectada (denominados fármacos tópicos). Los medicamentos tópicos pueden incluir cremas, geles, lociones, soluciones o champús. Los fármacos antimicóticos también pueden tomarse por vía oral.

Además de fármacos, pueden utilizarse medidas para mantener secas las zonas afectadas, como usar polvos de talco o llevar zapatos de punta abierta.

Para algunas infecciones, los médicos administran corticosteroides para aliviar la inflamación y el prurito.

Callosidades y callos


¿Qué son las callosidades y los callos?

Las callosidades y los callos son zonas de piel gruesa causadas por presión o fricción. Pueden causar dolor al caminar o usar zapatos.
Las callosidades suelen formarse en las manos o los pies. Por lo general, no necesitan tratamiento.
Los callos tienen un núcleo interno que puede ser blando o duro. Los callos suaves se encuentran entre los dedos del pie. Los callos duros pueden formarse en la parte superior de los dedos del pie. Los callos causados por zapatos que le queden mal a menudo desaparecen con el zapato de tamaño correcto.
Vea imágenes de callosidades y callos duros y blandos.

¿Qué causa las callosidades y los callos?

Las callosidades y los callos son causados por presión o fricción repetida en una zona de la piel. La presión hace que se muera la piel y que se forme una superficie dura de protección. Un callo blando se forma del mismo modo, excepto que cuando queda sudor atrapado donde se forma el callo, el núcleo duro se ablanda. Esto suele ocurrir entre los dedos de los pies. Las callosidades y los callos no son causados por virus y tampoco son contagiosos.
El manejo repetido de un objeto que ejerza presión en la mano, como herramientas (azadón de jardinería o martillo) o equipo deportivo (raqueta de tenis), generalmente causa callosidades en las manos.
Las callosidades y los callos en los pies son causados a menudo por la presión del calzado. Caminar descalzo también produce callosidades.
Las callosidades y los callos a menudo se forman en los juanetesdedos de los pies en martillo, garra o maza, o en los abultamientos causados por la artritis reumatoide. Las callosidades y los callos en los pies también pueden ser causados por la presión repetida en los deportes (como la callosidad en la planta del pie de un corredor), por una forma rara de caminar (marcha anormal) o por una estructura ósea, como pie plano o espolones en los huesos (pequeños crecimientos óseos que se forman en las articulaciones).

¿Cuáles son los síntomas?

Usted puede determinar si tiene un callo o una callosidad por su aspecto. La callosidad es dura, seca y gruesa, y puede verse grisácea o amarillenta. Puede ser menos sensible al tacto que la piel que la rodea y sentirse abultada. Un callo duro también es firme y grueso. Puede tener un anillo amarillento blando y un centro grisáceo. Un callo blando se ve como una llaga abierta.
Las callosidades y los callos no suelen ser dolorosos, pero pueden causar dolor al caminar o usar calzado. Y pueden dificultar que sus pies quepan en sus zapatos.

¿Cómo se diagnostican las callosidades y los callos?

Su médico examinará las callosidades o los callos que le estén causando problemas. También puede preguntarle sobre su trabajo, sus pasatiempos y el tipo de zapatos que usted usa. Si su médico sospecha que puede haber un problema con los huesos, se puede hacer una radiografía del pie.

¿Cómo se tratan?

Las callosidades y los callos no necesitan tratamiento a menos que causen dolor. Si de hecho le causan dolor, usted puede aliviarlo al:
  • Usar zapatos que le queden bien y sean amplios, con puntera (la parte que rodea los dedos del pie) ancha y profunda.
    • Una puntera más amplia evita que los dedos presionen el uno contra el otro, reduciendo la presión sobre los callos blandos.
    • Una puntera más profunda evita que los dedos presionen contra la parte superior del zapato, reduciendo la presión sobre los callos duros.
  • Utilizar relleno de protección mientras el pie se cura, tal como:
    • Almohadillas protectoras (como "moleskin").
    • Separadores para los dedos.
    • Almohadillas para los dedos.
    • Capuchones y fundas para los dedos.
Otras cosas que puede probar incluyen:
  • Reducir el tamaño de la callosidad o el callo remojándolo en agua tibia y luego usando una piedra pómez para desgastar ligeramente la piel muerta. Nunca se corte los callos o las callosidades usted mismo, especialmente si tiene diabetes u otras afecciones que causan  problemas circulatorios o entumecimiento.
  • Hacer que su médico recorte la callosidad o el callo con un cuchillo pequeño. Su médico le puede hacer esto en su consultorio.
Si sigue teniendo problemas con callosidades o callos, o el problema es grave, su médico puede hacer que usted consulte un especialista en pies (un podólogo). Puede probar plantillas ortopédicas o plantillas metatarsianas a medida para sus zapatos, para distribuir su peso de manera más uniforme sobre su antepié. Los atletas que corren mucho pueden usar plantillas ortopédicas para el mismo propósito.
Rara vez se utiliza la cirugía para tratar las callosidades o los callos. Pero si una estructura ósea (como un dedo en martillo o juanete) está causando una callosidad o un callo, la cirugía puede usarse para cambiar o eliminar la estructura ósea. Esta se usa solamente si han fracasado otros tratamientos.
Si usted tiene diabetesenfermedad de las arterias periféricasneuropatía periférica u otras afecciones que causen problemas de circulación o entumecimiento, consulte con su médico antes de probar cualquier tratamiento para callosidades o callos.

¿Cómo pueden prevenirse las callosidades y los callos?

Las callosidades y los callos pueden prevenirse reduciendo o eliminando la presión sobre la piel.
Las callosidades en las manos generalmente se pueden prevenir usando guantes para protegerse las manos, como cuando trabaja en el jardín o levanta pesas. Las callosidades en los pies en general se pueden prevenir usando zapatos y calcetines que le queden bien.
Los callos en los pies normalmente se pueden prevenir con el uso de zapatos que tengan una puntera más amplia. Y también haciendo que el empleado de la tienda de zapatos le mida ambos pies antes de comprar un par de zapatos.
  • Use zapatos que le calcen bien.
  • Use guantes al usar una herramienta como una azada o un rastrillo de jardín. Si expone otras partes de su cuerpo a la fricción, use acolchonamiento apropiado. Por ejemplo, si está de rodillas instalando alfombra, use rodilleras.
Su modo de andar puede verse afectado por los huesos de sus pies o incluso pantorrillas tensas. Si es así, es posible que un podólogo pueda ayudarle a hacer cambios que puedan prevenir problemas en los pies, como callosidades y callos.

Callicidas no, gracias

Las lesiones de la piel más frecuentes en los pies son las hiperqueratosis (comúnmente conocidas como “durezas”). En la mayoría de los casos se producen por la respuesta de nuestra piel al aumento de presión en un área determinada. Generalmente, la hiperqueratosis es extensa con los bordes no definidos y un color amarillento que corresponde al acúmulo de queratina.



La presión es una magnitud de medida de fuerza, la cual resulta del cociente de fuerza / superficie. Cuando el área de la piel que soporta la presión es más reducida, la presión que soporta la piel es mayor por cm2. En estos casos puede producirse una hiperqueratosis más reducida en extensión y llegar a formarse un heloma (comúnmente conocidos como “callos / ojos de pollo”). Estos poseen una coloración más oscura y los bordes bien definidos, generándose en profundidad desde las capas profundas de la piel. Cabe destacar que existen otro tipo de helomas que no son dependientes de la presión y su fisiopatología es diferente.
Ante una lesión hiperqueratósica/heloma es importante acudir al podólogo para determinar la causa que lo produce. A partir de aquí se decide el tratamiento más adecuado, que en la mayoría de los casos consistirá en la deslaminación / enucleación mediante bisturí de las lesiones. Cuando las lesiones aparecen a nivel plantar, en la gran mayoría de casos tienen un componente biomecánico que se puede tratar realizando un correcto estudio de la pisada y unas plantillas personalizadas. Otros casos precisarán de tratamientos mediante separadores/correctores de silicona, cirugía, etc.
Existen métodos de tratamiento que consisten en apósitos queratolíticos (callicidas), los  cuales son comercializados como la solución definitiva a estos problemas. Los podólogos desaconsejamos rotundamente la utilización de estos productos, pues producen una serie de complicaciones que empeoran la lesión. Su mecanismo de acción es mediante agentes químicos (por ejemplo el ácido salicílico) que producen una quemadura de la piel con la que entran en contacto. Los problemas principalmente son dos:
Por un lado la quemadura producida por el callicida nunca es delimitada y específica en la zona de la lesión hiperqueratósica (desplazamiento del apósito, sudoración…). Esto produce una irritación de la piel de alrededor, lo que produce aún más dolor que la propia lesión inicial.
Por otro lado el tratar una lesión hiperqueratósica con un callicida no elimina la causa del problema, simplemente genera una herida. Esta herida cicatrizará y en cuanto la piel esté reparada, volverá a generar queratina. En el mejor de los casos nos quedará una cicatriz dolorosa que tendrá difícil solución.
La utilización de callicidas es muy peligroso en cualquier paciente por la inflamación que se llega a producir a causa de la quemadura y por el alcance en profundidad. Las quemaduras producidas después de destruir epidermis y dermis pueden llegar incluso a afectar al tejido graso y al hueso. En la mayoría de los casos se producen infecciones de las ulceras producidas por este tipo de productos, lo que enlentece el proceso de curación.  Además existen quemaduras tratadas mediante amputaciones en pies de riesgo como es en el caso de la diabetes.
Es por todo lo expuesto anteriormente que desaconsejamos su utilización y  que antes de intentar tratamientos con productos de este tipo consulte con su podólogo.
Dra. Carla Lanuza Cerzócimo